Bajo la Gran Muralla de Juyongguan, las vías del tren se extienden entre las montañas, como la trayectoria de la vida: con curvas, con esperas y también con el momento de llegar. Las flores de albaricoquero caen como nieve, cubriendo suavemente las laderas. Un tren avanza despacio a través de este mar de flores. En la vía de al lado, otro tren pasa velozmente. Se cruzan por un instante y luego siguen cada uno su camino. Así es ese encuentro único en la vida. Sin detenerse, sin mirar atrás, cada uno avanza hacia su propio destino lejano. Las flores volverán a florecer, la primavera regresará, y los trenes seguirán avanzando. Nosotros también, en nuestras propias vías, atravesamos el invierno y caminamos hacia nuestra propia primavera. Entre encuentros y despedidas, ojalá aprendamos a valorar cada instante fugaz que el destino nos concede.