Construido durante el reinado Yongle de la dinastía Ming, Rooster Post fue en otro tiempo el punto de relevo más bullicioso en la ruta occidental que salía de la capital. Los caballos de correo quebraban la escarcha del amanecer; los mensajeros partían a toda prisa bajo órdenes urgentes. En el estruendo de cascos que recorrían ochocientos li viajaban las llamas de la guerra y los edictos del emperador. Hoy, el paisaje sobre las murallas ha cambiado. Más allá de las almenas, las vías se curvan hacia montañas lejanas, y dos trenes se cruzan en direcciones opuestas, con sus silbatos rompiendo la quietud del antiguo puesto. Hace seis siglos, las grandes distancias se medían por las huellas de los cascos; ahora, mil kilómetros pueden recorrerse entre el amanecer y el anochecer.